Frente al coronavirus, ahora más que nunca, piensa en local

Durante esta cuarentena, estamos pensando mucho en todas aquellas personas productoras de las que depende nuestro alimento en la Sierra Norte de Madrid, de los comercios que lo venden o de los restaurantes que hacen de embajadores de la gastronomía y tradiciones culinarias de cada rincón. Y nos preguntamos cómo están viviendo este tiempo tan difícil. Es hora de darles la palabra para que nos cuenten su realidad, sus necesidades y, sobre todo, para que todas y todos pensemos en el valor de lo local, cercano y ecológico.

Confinamiento. Covid-19. Virus. Cuarentena. Mascarilla. Pandemia (del griego pan-todo y demos-pueblo).

Algunas de las palabras que se han hecho cotidianas en un período que, posiblemente, no imaginábamos vivir. Esta tremenda emergencia sanitaria que se ha instalado en el mundo entero, además, llega en una época que ya le era difícil.

Entre otras cosas, porque se asienta sobre emergencias preexistentes, interconectadas, y que ponen en peligro la vida: la crisis ecológica -marcada por el cambio climático, el pico del petróleo o la progresiva pérdida de biodiversidad– la crisis migratoria, o la creciente desigualdad social.

Con su llegada, el coronavirus ha hecho más visibles las fragilidades de nuestros metabolismos sociales y económicos.

Estamos siendo más conscientes, por ejemplo, de que el confinamiento no está afectando a todas las personas por igual. De que nos necesitamos unas a otras. O de que dependemos de la tierra para alimentarnos. Y es que, nuestro sistema alimentario está recibiendo ahora una nueva atención.

Una de las primeras preocupaciones ha sido hacer posible el abastecimiento de los supermercados. De modo que la compra de alimentos básicos, y nuestra subsistencia, siguiera siendo posible. Y hemos agradecido su labor a las personas que permanecen vendiendo durante la cuarentena. Y a las que producen y hacen posible que las estanterías estén llenas.

Quizá ahora, además, más conscientes de nuestra propia vulnerabilidad, saber que nuestros alimentos son saludables, locales, de temporada, libres de plásticos o químicos, o fruto de condiciones laborales justas, también deja de ser secundario.

De hecho, la Comisión EAT-Lancet asegura que “los alimentos son la palanca más potente para optimizar la salud humana y la sostenibilidad ambiental en la Tierra. Sin embargo, los alimentos amenazan actualmente tanto a las personas como al planeta. La humanidad se enfrenta al inmenso desafío de proporcionar dietas saludables de sistemas alimentarios sostenibles a una población mundial en crecimiento”.

Porque, efectivamente, nuestro modelo de alimentación no está orientado hacia la sostenibilidad del planeta, sino hacia el mantenimiento de un crecimiento económico que desvía la mirada del agotamiento de recursos naturales y de los suelos esquilmados de nutrientes que deja por el camino y que, además, se basa en una acumulación de los beneficios en pocas manos.

En la actualidad, tan sólo cinco empresas multinacionales controlan el 80% de la comercialización de alimentos, mientras que los pequeños productores, que generan el 70% de la alimentación mundial, viven en situación de pobreza.

19 millones de hectáreas de bosques tropicales se reconviertan al año en tierras de cultivo y enormes extensiones de tierra en África, y otros lugares, se cedan a inversores a precios muy bajos.

En España la importación de productos es enorme, y lo que comemos quizá haya viajado más de 5.000 km hasta llegar a nuestro plato.

Pero quizá éste sea un buen momento para la inflexión. Quizá podamos comenzar a apostar, con nuestras compras, por un modelo alimentario basado en productos de cercanía, de temporada, y de confianza que cierre sus ciclos (replanteando, por ejemplo, la gestión y minimización de residuos).

Que permita hacer accesible a toda la población una alimentación sana y vinculada a un territorio que se va articulando. Y a reivindicar un marco económico que lo sostenga y priorice la sostenibilidad y el cuidado de la vida.

Por todo esto, durante esta cuarentena, estamos pensando mucho en todas aquellas personas productoras de las que depende nuestro alimento en la Sierra Norte de Madrid, de los comercios que lo venden o de los restaurantes que hacen de embajadores de la gastronomía propia de un lugar. Y nos preguntamos cómo están viviendo ellas este tiempo tan difícil. Poco a poco, en esta página os lo vamos a ir contando.

Ahora, #QuédateEnCasa. Y, cada vez más, #ÚneteAlCambio.

Mar Toharia Terán, responsable del área de Transición Ecológica en Verde Serrano

“Aquí seguimos, pero la incertidumbre es total y no sabemos qué esperar”

Hace más de una década, y en medio de otra crisis económica, Salvador, Pilar y su padre apostaron por convertir su explotación ganadera tradicional de cría de mulos en la primera granja ecológica en España centrada en la producción y distribución de leche y calostro de yegua liofilizada. Han salvado mil y una dificultades, pero ¿cómo les está afectando ahora la pandemia en su negocio local? Nos lo cuentan en esta entrevista.

«Es necesaria una conciencia local. Unidas y con fuerza cambiaremos el horizonte»

Paco es una de las tres personas que en el 2015 decidieron “tirarse al barro” en busca de otros modelos de consumo y de producción de alimentos. Fue así como germinó CSA Vega de Jarama, una asociación de personas productoras y consumidoras, con un objetivo muy claro: promover cambios sociales a través de la alimentación.

“A raíz de la crisis, muchas personas quieren ser más autosuficientes y aprender a producir sus alimentos usando recursos locales”

Hablamos de la crisis del coronavirus y las consecuencias del estado de alarma con Laura Aceituno, de la Asociación La Troje, que desde el 2004 aúnan esfuerzos con el fin de recuperar y poner en valor las variedades locales de semillas y el saber agrario tradicional de la Sierra Norte de Madrid.

«La gente está valorando que no es lo mismo apostar por la economía local que ir a un gran supermercado»

Natalia, profesora de Educación Especial, y Simón, ingeniero agrónomo, son el alma de Tómate la Huerta, un proyecto de agroecología basado en la relación directa entre las personas que producen y las que consumen. En esta entrevista nos cuentan qué ha supuesto la crisis del coronavirus en su negocio local.

«Si nuestro modelo alimentario fuera cercano y respetuoso con el entorno, no habríamos llegado a este punto»

Este año se cumplen cinco desde que Bailandera se lanzase a producir cerveza artesana en Bustarviejo. Poco podían imaginar sus cuatro socias -Bea, Carmen, Clara y Ana- que su primer lustro iba a estar marcado por una pandemia, la del coronavirus, que les obligaría a cerrar sus puertas y a replantearse un proyecto que une trabajo, vida y conciencia.

“La apuesta por la cercanía y los productos locales es lo que da sentido a mi tienda. Espero recuperar la ilusión”

Hablamos con Merche Béjar, propietaria de Rosario6, una tienda de productos artesanos y alimentos locales en el corazón del pueblo de Rascafría. Un negocio que vive, en gran medida, de la venta a visitantes, turistas, veraneantes y que ahora está intentando transitar lo mejor posible esta crisis, y subsistir.

“No nos planteamos cerrar definitivamente, pero el desamparo institucional es absoluto”

Hablamos con Alberto, que junto con Esther, regentan el restaurante La Resalá en Bustarviejo. Inaugurado hace tan solo dos años, actualmente permanece cerrado hasta nueva orden por la crisis sanitaria del coronavirus.

El valor de lo local en 10 pasos

1

Con tus compras, activas el tejido productivo de tu localidad.

2

Fortaleces la economía rural y evitas el despoblamiento.

3

Generas riqueza y puestos de empleo en tu entorno más cercano. Dicen que un euro gastado en productos y servicios próximos genera el doble para la economía local.

4

Compras y comes alimentos con nombres y apellidos, confiables porque conoces su origen.

5

Potencias los circuitos cortos de comercialización y un ahorro en emisiones de CO2 al medio ambiente.

6

Reduces el impacto ambiental y tu huella ecológica al reducir los desplazamientos.

7

Consumes productos frescos y de temporada lo que posibilita el desarrollo sostenible de muchas producciones.

8

Luchas contra los grandes monopolios que fijan los precios finales. Comprar local es más barato para ti y más justo para los productores y productoras.

9

Proteges la gastronomía y tradiciones culturales de la Sierra.

10

Creas comunidad con tus vecinos y vecinas y construyes tejido social.