Paco es una de las tres personas que en el 2015 decidieron “tirarse al barro” en busca de otros modelos de consumo y de producción de alimentos. Fue así como germinó CSA Vega de Jarama, una asociación de personas productoras y consumidoras, con un objetivo muy claro: promover cambios sociales a través de la alimentación.

Su finca en la localidad de Torremocha de Jarama produce bajo los principios de la agricultura y ganadería ecológica, local y regenerativa. Su modelo apuesta por la participación, por ofrecer soluciones colectivas y apostar por un trabajo digno y de calidad. 

Quizás por eso, la llegada del huracán coronavirus, al menos, no ha afectado ni a su producción ni al número de repartos que realizan: «No estamos teniendo cambios. Las familias que forman parte de la asociación están contentas porque producimos y les llevamos la comida”. Para Paco la clave ha estado en la “cooperación” y en la fuerza de lo colectivo que lo que les está “empujando”. Esto, junto con el apoyo social y la profesionalidad de quienes desarrollan este proyecto, han hecho que CSA Vega del Jarama se haya convertido en un referente en soberanía alimentaria y gestión sostenible al que seguramente haya que mirar (e imitar) de cara al futuro.

En ese sentido, Paco considera que «la actual crisis ecosocial está poniendo de manifiesto la necesidad de desglobalizar el sistema alimentario» y aboga precisamente por “visibilizar, mostrar y replicar» iniciativas similares a CSA Vega del Jarama «para recuperar la agricultura tal y como venía siendo y vertebrar respuestas colectivas desde lo local que nos ayuden en esta transición”.


«La actual crisis ecosocial está poniendo de manifiesto la necesidad de desglobalizar el sistema alimentario y vertebrar respuestas colectivas desde lo local»


No obstante, advierte que para que la desglobalización del sistema alimentario sea posible, es necesaria una voluntad política real y unas estrategias claras. «Aún no sabemos la dimensión total de la crisis, pero creo que debemos empezar por romper la dinámica de la economía capitalista. Revisar nuestro consumo energético, impulsar una renta básica universal y favorecer proyectos colectivos que ayuden a reducir los costes me parecen medidas indispensables». Además, en el caso concreto de la Sierra Norte de Madrid, considera que habrá que «articular el territorio que no tiene comunicación y coordinar estrategias».

De cara a futuro más próximo, uno de los riesgos que se les presenta a ideas como CSA Vega del Jarama es que las socias y los socios se queden en paro, sin ingresos, una circunstancia sobre la que están «convencidas de que serán y seremos capaces de dar una respuesta colectiva a los retos que se nos vayan planteando».

Su reflexión final sobre todo lo que ha pasado y cambiado desde que se declaró la pandemia tiene dos lecturas. Una primera más global: «La sociedad ha abierto los ojos. No podemos ser tan dependiente de terceros, una dependencia, además, que viene derivada de la especialización capitalista. Y, como no podía ser de otra manera, una segunda pegada a lo local, a la tierra que trabaja cada día: «Actualmente el medio rural es igual a turismo, pero los que nos quedamos en la Sierra: ¿de qué vamos a vivir?, ¿volvemos al campo cuando la legislación actual supone una amenaza? Es necesaria una conciencia local porque tenemos la oportunidad de hacer bien las cosas. Unidas y con fuerza cambiaremos el horizonte”.