Una profesora de Educación Especial y un ingeniero agrónomo son el alma de Tómate la Huerta, un proyecto de agroecología basado en la relación directa entre las personas que producen y las que consumen. Sin intermediarios y apostando por los circuitos cortos de comercialización, Natalia y Simón miman la tierra de su finca de dos hectáreas en Torremocha de Jarama, de la que obtienen fruta y verdura ecológicas que venden online y reparten a domicilio. Así, llevan desde 2015. Cultivando y cuidando los suelos de la Sierra Norte de Madrid. Recuperando el uso tradicional de la Vega del Jarama y apostando por el rejuvenecimiento del sector agrícola. La crisis del coronavirus les ha devuelto ese papel principal que nunca debieron perder en la sociedad. ¿Durará en la ya bautizada nueva normalidad o volveremos a las grandes superficies para llenar nuestras neveras? Esto es lo que ambos opinan.

Pregunta. ¿Cómo se ha adaptado vuestra producción a la crisis del coronavirus?

Respuesta. «Nuestro modelo de reparto (en locales vecinales, bares y tiendas) se ha visto afectado, y hemos tenido que adaptarnos, tanto lxs consumidorxs como nosotrxs a esta nueva circunstancia. Los grupos de consumo que siguen funcionando como tal han encontrado alternativa para recibir los pedidos, y con el resto de personas hemos tenido que repartir a sus domicilios».

P. ¿Habéis tenido que introducir y/o reforzar la venta online o el reparto a domicilio para dar respuesta?

R. «La venta online ha sido siempre nuestra vía principal de venta, pero al haberse suspendido los mercados de productorxs, hemos tenido que reforzarla, ampliando nuestra difusión por redes y ampliando nuestro horario de atención telemática a los 7 días de la semana casi las 24 horas del día. El reparto a domicilio ya era una opción en nuestras entregas, pero hemos tenido que ajustar y cambiar nuestro funcionamiento para poder dar servicio. Si antes parábamos en 10 puntos para dejar varias cestas, ahora estos puntos se han multiplicado para entregar cestas individuales. También hay que destacar el enorme esfuerzo que la gente está haciendo para poder llegar al pedido mínimo que nos permite llegar a sus domicilios, y nos da rabia ver cómo muchas de las personas que antes nos compraban ya no pueden hacerlo debido a este incremento del pedido mínimo (para que podamos llevarlo a casa)».

P. Muchos consumidores y consumidoras están redescubriendo ‘por obligación’ el comercio local, las tiendas más cercanas a su casa, sobre todo por las restricciones de movilidad, ¿tenéis esperanzas de que esta circunstancia refuerce el papel del comercio local en la Sierra Norte no solo ahora sino de cara al futuro?

R. «La verdad es que sí tenemos esperanza en que esta situación ‘nos traiga’ algo bueno. Esperamos que la escala de valores de las personas esté cambiando y esta situación refuerce la red social y el apoyo mutuo hacia el comercio local, la economía sostenible y sobretodo, en nuestro caso, la producción local. Estamos viviendo un momento en el que, entre otras muchas cosas, el apoyo y sostén social se hace fundamental. La gente está valorando que no es lo mismo apostar por el emprendimiento y por la economía local, que simplemente ir a hacer la compra a un gran supermercado donde no se sabe ni quién hace los productos ni cómo están elaborados. Cuando todo tiene que parar, nos damos cuenta de qué puestos de trabajo no pueden hacerlo, para que la sociedad siga manteniéndose. A partir de ahora, la producción primaria, la limpieza, los cuidados, el servicio de atención en locales comerciales, el transporte, las gestorías laborales y la atención sociosanitaria van a ser más y mejor valoradas socialmente. Esto nos alegra».


«ESPERAMOS QUE ESTA SITUACIÓN REFUERCE LA RED SOCIAL Y EL APOYO MUTUO HACIA EL COMERCIO LOCAL, LA ECONOMÍA SOSTENIBLE Y LA PRODUCCIÓN LOCAL»


P. ¿Cómo se lidia con la presión y la incertidumbre diarias? ¿Cómo se mantiene la ilusión en un contexto de pérdidas y muy poco apoyo institucional?

R. «Es difícil, sobretodo con la incertidumbre del qué va a pasar con la crisis económica que se avecina. Da miedo, pues muchos pequeños negocios como el nuestro estamos despegando como quien dice, y el esfuerzo de tantos años y tantas horas de trabajo se ven en riesgo por factores y consecuencias que ni conocemos aún. Nosotrxs preferimos vivir el día a día e intentar sacar el trabajo con la esperanza de que esta situación haya dejado una semillita social que germine y de fruto a una cohexión social más fuerte, donde, como hemos dicho antes, la escala de valores haya cambiado. La gasolina que mantiene nuestra ilusión ahora mismo, y en realidad desde el principio (aunque suponemos que ahora más que nunca), es el apoyo que sentimos por parte de las personas que siguen consumiendo nuestras verduras. Los ánimos que nos mandan y el esfuerzo que sentimos por su parte para que nuestro proyecto, de momento y mientras sigan pudiendo apoyarlo, no caiga». 


«Cuando todo tiene que parar, nos damos cuenta de qué puestos de trabajo no pueden hacerlo, para que la sociedad siga manteniéndose»


P. ¿Qué esperáis del día en que se termine el confinamiento? ¿Creéis que puede haber cambios profundos en nuestra manera de comprar y consumir?

R. “Idílicamente esperamos que sí, somos positivxs con esto. Nuestros hábitos de consumo van a cambiar y esto que está pasando nos está haciendo reflexionar sobre el consumo desenfrenado que esta sociedad ha desarrollado, sobre qué es lo realmente importante y necesario. Sobre qué compramos y a quién enriquecemos. Sobre cómo tratamos al planeta y cómo queremos que sea el mundo en el que vivimos. Sobre cómo, cada uno de nuestros pequeños actos influye directamente sobre todo esto. Eso queremos creer”.